Durante cuatro días hemos recorrido junto a Mar Villaba, de miruta.es más de mil kilómetros entre Madrid, Burgos y la costa vasca utilizando únicamente la red de carga de Zunder. Una experiencia que nos ha permitido descubrir algunos de los paisajes más espectaculares del norte peninsular mientras enlazabamos pueblos históricos, escenarios de cine y rincones con mucho carácter.
Cuando planificas una ruta en coche eléctrico, siempre intento que las recargas formen parte del viaje y no una simple obligación durante el trayecto. Con esa idea me propuse recorrer el norte de España siguiendo algunos de los escenarios cinematográficos más conocidos del país. El destino final era el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, pero tan importante como llegar era disfrutar del camino. – Mar Villalba – Directora del Blog de turismo responsable «Mi Ruta»
Esta ruta forma parte de Kilómetros de cine, un recorrido por algunos de los escenarios cinematográficos más emblemáticos del norte de España. En Mi Ruta encontrarás la experiencia completa, con recomendaciones de viaje, lugares de interés y curiosidades sobre cada uno de los destinos visitados.
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Primera parada: café y carga en Boceguillas
La ruta comenzó temprano, dejando atrás Madrid por la A-1.
Mi primera parada fue en la Estación de Carga de Zunder de Boceguillas. Aproveché la carga para desayunar en la Panadería M. Sanz, un lugar perfecto para empezar el viaje con calma mientras el coche recuperaba energía. Una de las cosas que más me gusta de las rutas por carretera es precisamente la posibilidad de descubrir lugares que de otro modo pasarían desapercibidos. A veces una simple parada para tomar un café termina convirtiéndose en parte del viaje. Es difícil resistirse al mostrador de tartas y dulces de esta parada. Con suficiente autonomía para seguir avanzando, continué hacia Aranda de Duero.

Una parada antes de adentrarme en la comarca del Arlanza
Mi siguiente parada fue el Área Tudanca, para conocer la Estación de Carga de Zunder en Aranda de Duero, la primera ubicación que se puso en funcionamiento en la red de carga de Zunder en 2018.
Además de aprovechar para almorzar, realicé una nueva recarga antes de continuar hacia algunos de los lugares que tenía marcados en esta primera etapa. Durante la tarde recorrí algunos de los rincones más interesantes de la provincia de Burgos. El entorno del Desfiladero de La Yecla, Santo Domingo de Silos, el Cementerio de Sad Hill o Covarrubias fueron algunas de las paradas de una jornada en la que el cine y la historia estuvieron muy presentes. Uno de los momentos más especiales fue visitar Sad Hill, el escenario donde Sergio Leone rodó la escena final de El bueno, el feo y el malo. Después de tantos años viendo imágenes de aquel lugar, recorrerlo en persona tiene algo especial. La jornada terminó en Burgos tras un día intenso de carretera, patrimonio y escenarios de película.

Camino hacia la costa vasca
La segunda jornada comenzó poniendo rumbo al Cantábrico.
Antes de abandonar Castilla y León realicé una nueva parada en una de las muchas Estaciones de Carga de Zunder en Miranda de Ebro, una ubicación muy práctica para quienes recorren este corredor entre Madrid y Euskadi. A partir de aquí el paisaje cambia por completo. Las amplias llanuras castellanas dejan paso a montañas cubiertas de vegetación, carreteras sinuosas y los primeros paisajes que anuncian la cercanía del mar. El primer gran destino del día fue Bermeo.
Bermeo, traineras y una excursión a Gaztelugatxe
Nada más llegar me encontré con una agradable sorpresa: coincidí con una jornada de la Liga de Traineras. El puerto estaba lleno de actividad, con equipos preparando las embarcaciones, aficionados llegados de distintas localidades y un ambiente festivo que animaba todo el paseo marítimo. Aproveché para pasear por el puerto y almorzar un excelente marmitako de bonito antes de embarcarme en una excursión para contemplar desde el mar uno de los lugares más espectaculares de la costa vasca: San Juan de Gaztelugatxe.
La perspectiva desde el barco permite apreciar la fuerza de los acantilados y la singularidad de este islote que alcanzó fama internacional tras convertirse en Rocadragón en la serie Juego de Tronos. Antes de continuar la ruta realicé una recarga en el punto Zunder BM Bermeo, cuya ubicación me permitió aprovechar el tiempo para disfrutar de la localidad y de la excursión antes de seguir camino hacia la costa de Gipuzkoa.
Recorriendo la costa vasca
Desde Bermeo continué hacia algunos de los paisajes más espectaculares del Cantábrico.
La costa vasca ofrece una sucesión de acantilados, pequeñas localidades marineras y miradores que invitan a detenerse una y otra vez. Zumaia fue una de las paradas imprescindibles de la jornada. Allí pude visitar la ermita de San Telmo, conocida por ser el escenario de la boda de Ocho apellidos vascos, y recorrer algunos de los rincones que aparecen en la película. Por el camino también fui descubriendo localidades como Mutriku, Lekeitio o Getaria, donde hice noche antes de continuar la ruta al día siguiente.
A lo largo de la jornada fui enlazando pequeñas carreteras, pueblos marineros, escenarios de cine y paisajes espectaculares, disfrutando del viaje sin prisas y adaptando cada parada a lo que iba encontrando por el camino.

Llegada a San Sebastián
El tercer día llegué finalmente a San Sebastián.
La ciudad vivía uno de los momentos más especiales del año gracias a la celebración del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Antes de sumergirme en el ambiente del festival hice una breve parada en Zumaia y después dejé el coche en una zona próxima al Peine del Viento, una de las obras más conocidas de Eduardo Chillida. Era la primera vez que la veía en persona y me impresionó la forma en que las esculturas parecen integrarse con la fuerza del mar. Muy cerca aproveché para almorzar en Ñam Bar Restaurante, junto al Peine del Viento, donde disfruté de un menú sencillo, rico y muy recomendable.
A partir de ahí me dirigí al corazón del festival. Paseé por los alrededores del Hotel María Cristina, donde pude ver el ambiente de la alfombra roja y la llegada de algunos de los invitados del certamen. Como todavía quedaban entradas disponibles, decidí asistir a una proyección en el teatro del hotel. La película elegida fue El Corsé, una producción francesa de animación que me sorprendió gratamente. Al finalizar la sesión, los directores se encontraban presentes en la sala y recibieron una larga ovación del público.
Después me acerqué al Kursaal, otro de los escenarios principales del festival. Allí pasé buena parte de la tarde disfrutando del ambiente, observando el movimiento de periodistas, aficionados y profesionales del cine, mientras saboreaba un helado frente al mar.
El regreso a Madrid
Tras pasar una última noche en Getaria llegó el momento de emprender el regreso.
La vuelta transcurrió con tranquilidad. Antes de abandonar el norte realicé una última carga, de nuevo, en Miranda de Ebro, una parada perfecta para descansar unos minutos antes de afrontar el último tramo hasta Madrid. Mientras el coche recuperaba energía, aproveché para repasar mentalmente todo lo vivido durante aquellos días: los paisajes burgaleses que inspiraron a Sergio Leone, el ambiente marinero de Bermeo, San Juan de Gaztelugatxe, los acantilados de Zumaia y la magia que se respira cada septiembre en San Sebastián.
Una ruta para disfrutar del camino
Cuando empecé a planificar este viaje, el objetivo era llegar al Festival de Cine de San Sebastián recorriendo algunos de los escenarios cinematográficos más conocidos del norte de España. Sin embargo, como ocurre en muchas rutas, terminé descubriendo mucho más de lo que había previsto inicialmente.
El Desfiladero de La Yecla, Santo Domingo de Silos, Sad Hill, Bermeo, San Juan de Gaztelugatxe, Zumaia o el ambiente único del Festival de Cine fueron componiendo una experiencia que combinó patrimonio, naturaleza, gastronomía y cine. Las Estaciones de Carga de Zunder estuvieron presentes en distintos momentos del recorrido, integrándose de forma natural en cada etapa y permitiéndome centrarme en lo realmente importante: disfrutar del viaje.
Porque algunas rutas se recuerdan por el destino. Y otras, como esta, por todo lo que ocurre entre un punto y otro.