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Del centro de España al fin del mundo: ruta en coche eléctrico de Madrid a Fisterra con Zunder

Durante mucho tiempo, viajar hasta Fisterra fue sinónimo de recorrer cientos de kilómetros hasta uno de los lugares más remotos de la península. Situado en plena Costa da Morte, este cabo gallego fue considerado durante siglos el fin del mundo conocido y sigue siendo hoy uno de los destinos más especiales de España.

«La pregunta era sencilla: ¿es posible llegar hasta allí en coche eléctrico con total tranquilidad? Para comprobarlo emprendí una ruta desde Madrid hasta Fisterra a bordo de un Peugeot E-308, utilizando exclusivamente la red de recarga de Zunder.»

Mar Villalba – Directora del Blog de turismo responsable «Mi Ruta»

El resultado fue una experiencia que confirmó algo que cada vez más conductores descubren a diario: viajar largas distancias en vehículo eléctrico ya no consiste en preocuparse por la autonomía, sino en disfrutar del camino.

Primera etapa: Madrid – Puebla de Sanabria

La ruta comenzó en Madrid con dirección a Galicia. Antes de alcanzar el primer destino del viaje realicé una parada para recargar en la Estación de Carga Ultrarrápida de Zunder en Villalpando, una ubicación muy práctica que además cuenta con el Restaurante El Raso, perfecto para hacer una pausa, tomar algo o almorzar antes de continuar camino.

La primera jornada terminó en Puebla de Sanabria, uno de los conjuntos históricos más bonitos de Castilla y León.

Para pasar la noche elegí el Hotel Meleiros, en Castro de Sanabria, un alojamiento tranquilo situado a pocos minutos de la localidad que, además, cuenta también con una Estación de Carga de Zunder. Una combinación perfecta para descansar y dejar el coche listo para continuar la ruta hacia Galicia al día siguiente.

Antes de llegar al hotel todavía tuve tiempo de acercarme al Lago de Sanabria, un lugar que llevaba años queriendo conocer. La visita coincidió con el atardecer y fue una de esas sorpresas que terminan convirtiéndose en uno de los recuerdos del viaje. Las aguas tranquilas del lago, las pequeñas playas repartidas por la orilla y el ambiente relajado de las terrazas y restaurantes situados junto al agua ofrecían una imagen difícil de olvidar.

La combinación de patrimonio, naturaleza y una infraestructura de recarga bien distribuida convirtió esta primera etapa en una excelente toma de contacto con el viaje.

Parada para visitar Puebla de Sanabria

De Galicia interior a las Rías Baixas

La segunda jornada me permitió descubrir algunos de los paisajes más variados del interior gallego.

Tras atravesar localidades como Verín y Xinzo de Limia, puse rumbo a Ourense, donde aproveché para hacer una parada en las Termas de Chavasqueira. Después de varias horas de carretera, sumergirme en aquellas aguas termales junto al río Miño fue una de las mejores formas de hacer una pausa antes de continuar el viaje.

Más tarde llegué a Santiago de Compostela, donde realicé una de las paradas de recarga más agradables de todo el viaje. Mientras el coche cargaba en los puntos de Zunder del Hotel Puerta del Camino, aproveché para almorzar en su gastro bar, que ofrece una carta variada y una excelente relación calidad-precio. Con la batería lista para continuar la ruta, me acerqué después al Parque de la Alameda para disfrutar de una de las panorámicas más conocidas de la ciudad, con la Catedral dominando el horizonte compostelano.

La jornada terminó en Vigo, donde coincidí con la celebración de la Feria del Marisco. Allí disfruté de algunos de los sabores más tradicionales de la gastronomía gallega en un ambiente festivo que convirtió aquella noche en un magnífico final de etapa.

Rumbo a la Costa da Morte

A medida que me acercaba al Atlántico, el viaje empezaba a adquirir un significado diferente.

La mañana comenzó en Combarro, recorriendo sus calles empedradas y sus famosos hórreos junto al mar. Después decidí embarcarme para conocer de cerca las bateas de la ría y descubrir cómo se cultivan mejillones, ostras y vieiras, una experiencia que me permitió comprender mejor la estrecha relación que Galicia mantiene con el mar.

La ruta continuó hacia Santiago de Carril, donde pude conversar con varias mariscadoras sobre la dureza de su trabajo y la importancia que tiene este oficio para las comunidades costeras, antes de visitar las históricas Torres de Oeste de Catoira.

Durante todo el viaje, las recargas dejaron de ser una preocupación para convertirse en algo completamente natural. Saber que contaba con una red de recarga fiable me permitió centrarme en lo realmente importante: disfrutar de cada lugar y de cada historia que iba encontrando por el camino.

Dormir junto al faro de Fisterra

Llegar a Fisterra al atardecer es una experiencia difícil de olvidar.

Mientras observaba cómo el sol desaparecía lentamente sobre el Atlántico entendí por qué durante siglos este lugar fue considerado el final del mundo conocido.

Esa noche me alojé en el Hotel O Semáforo de Fisterra, situado junto al faro y equipado con punto de recarga de Zunder. Mientras el coche recuperaba energía para la jornada siguiente, yo disfrutaba de una de las experiencias más especiales de toda la ruta: cenar frente al océano y dormir en un lugar donde el mar parece estar presente en cada rincón.

La movilidad eléctrica como forma de viajar

Al día siguiente continué la ruta por algunos de los lugares más emblemáticos de la Costa da Morte, como Cabo Touriñán, Muxía y Camelle.

Fue precisamente durante esta parte del viaje cuando confirmé algo que ya había experimentado en otras rutas: viajar en coche eléctrico invita a disfrutar del trayecto de una forma diferente.

Las paradas dejan de ser simples interrupciones para convertirse en oportunidades para descubrir nuevos lugares, tomar un café con calma, pasear por un pueblo o disfrutar de una buena comida mientras el coche se recarga.

Y eso, lejos de restar libertad al viaje, acaba formando parte de la propia experiencia.

Regreso a Madrid sin preocupaciones

Tras pasar la última noche en Lugo, emprendí el regreso a Madrid.

Antes de salir aproveché para realizar una recarga en la Estación de Carga Ultrarrápida de Zunder en Outeiro de Rei. Más tarde hice una pequeña carga de unos minutos en la Estación de Carga Ultrarrápida de Zunder en La Bañeza, donde aproveché para almorzar, y una última recarga en Collado Villalba, una estación especialmente cómoda al encontrarse en un supermercado donde es posible hacer algunas compras o simplemente tomarse un descanso antes de afrontar los últimos kilómetros.

En ningún momento tuve que conducir pendiente de la autonomía ni modificar el itinerario por cuestiones de recarga. La planificación resultó sencilla y las recargas se integraron de forma natural en el viaje.

Estación de Carga Ultrarrápida de Zunder en la Bañeza, en la ruta a Finisterre

Conclusión

Cuando comencé esta ruta pensaba que el gran objetivo era llegar a Fisterra.

Sin embargo, al terminar el viaje comprendí que lo más valioso había sido todo lo descubierto por el camino: las conversaciones, los paisajes, las historias ligadas al mar y esa forma pausada de recorrer el territorio que invita a disfrutar de cada etapa.

Además, esta experiencia volvió a demostrarme que hoy es perfectamente posible afrontar un viaje de más de mil kilómetros en coche eléctrico con total tranquilidad.

Cuando la infraestructura acompaña, la autonomía deja de ser una preocupación y el viaje recupera lo que realmente importa: la libertad de seguir explorando.

Si quieres conocer los lugares que descubrí durante el viaje, puedes leer la crónica completa en Mi Ruta: https://www.miruta.es/ruta-coche-electrico-fisterra/

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